Queridos lectores del Noco: La otra vez tuve un sueño. Eso en sí es algo novedoso, pues mi subconsciente nunca me deja soñar, menos aún sueños que se sientan Importantes como el que me dio hace ya un par de noches. Este fue un sueño largo y bello, con una sensación de que era importante y debo recordarlo por el resto de mi vida. Así que lo escribí completo y aquí está. Si alguien sabe interpretación de sueños y me quiere decir que significa (aparte de la latente homosexualidad), puede comentarlo.
Yo era mi versión de mi que deseo ser todos los días, un yo cisgénero que se vestía como si fuese a estudiar en un internado inglés en 1940, lo cual en el sueño parecía tener sentido, pues todo era muy 1940. Tal vez era mi vida pasada, quien sabe. Vivía en una casa muy londinense con mi madre (que no era mi madre de verdad), que trabajaba todo el día, por lo que pasaba las largas tardes de verano solo, acostado en sillones largos y leyendo libros que no puedo recordar ya. Estaba esperando a que llegase un día, y ese día llegó.
Afuera de mi casa se detuvo una citroneta blanca con 4 hombres dentro, que eran parte de una compañía de teatro para niños. Yo los conocía, pues recordaba haberlos visto en un acto en el colegio privado de sólo hombres en el que estudié en esta vida pasada. Les había dicho que se quedasen en mi casa por los pocos días en que estarían en la ciudad, y se irían el mismo día de la función en la misma citroneta. De estos 4 hombres uno llamaba la atención de mi yo alternativo inmediatamente. Parecía rondear los 30, 35 años y se veía cansado con la existencia misma. Era pálido y con ojeras marcadas, parecía estar mareado constantemente. Les ofrecía un té apenas llegaban y nos quedabamos conversando entre los 5 mientras descargaban el auto con las cosas para la función. En la cocina pequeña, iluminada con una ampolleta naranja colgando la noche se veía cálida, y entre risas yo y el hombre que destaqué nos ibamos acercando de a poco debajo de la mesa. Mientras la noche avanzaba nos dabamos cuenta de la conexión que teníamos los dos, de la dinámica que se formaba lentamente - una complicidad mágica.
Les dejaba las camas a los actores y yo me iba al living a dormir, pero seguimos conversando hasta tarde, riéndonos entre susurros. El me mira y me dice que no se quiere ir a acostar y yo lo besaba. Dormíamos juntos en el sofá.
Los pocos días que se quedaban allí se pasaban ayudando a la compañía a armar todo y practicar para la función. No recuerdo la obra, pero se que era una mezcla entre marionetas, actores y un guión que parecía ocurrir en Hobbiton. Mientras los ayudaba me acercaba más a quien había besado, compartiendo besos a escondidas y dedicándonos largas miradas cuando los otros no prestaban atención. Un momento que recuerdo muy claramente es una noche donde estamos frente a frente, cerca, como para sentir su olor. Yo hago un comentario burlón y el se ríe, desviando la mirada y yo sentí amor, un amor que me pega de golpe y me deja atontado. El se da cuenta y me toma el rostro entre las manos con delicadeza, como si fuera frágil, una pieza de museo. Me dice algo y no sé que era, pero se que fue hermoso.
La noche anterior a la función que marcaría el final de la estadía en mi hogar llega una mujer que parece sacada de toda telenovela ocurrida en los 50, una mujer bella pero cansada, como la Fernanda Ramirez en Perdona Nuestros Pecados. Ella era la ex-pareja del hombre a quien estaba amando en secreto, pero no había rencor entre ellos. Es más, había un entendimiento - como si fueran quienes mejor se conocen en el mundo. Ella había sido parte del grupo de teatro por unos años, y hablaba con los integrantes actuales como si aún fuera parte de este. Yo le preguntaba cómo había sido para ella el ser parte de eso, y ella me respondía que había sido lindo pero realmente no había significado nada. Me miraba a los ojos y me hablaba sobre como el arte era represión, reprimir el amor y los sentimientos que tienes para poder hacer sentir al otro, y como eso - tarde o temprano - te terminaba matando. Miraba a su ex pareja y después a mi, y clavándome la mirada me decía "pensé que valía la pena encontrar a alguien finalmente pero resultó ser falso."
Se iba esa misma noche, la última noche que estarían allí.
Yo me desesperaba, empezaba a tirar de las mangas al hombre que amaba para que me diese un abrazo, un beso, cada vez más consciente de que estabamos cerca del final. Dormimos juntos en el mismo sofá que todas las noches y lloramos mientras nos besábamos a través de las lágrimas, prometiendo nunca olvidarnos.
El día siguiente se pasaba en un frenesí, entre ordenar las cosas, hacer un inventario, mover todo a donde sería el show. Uno de los miembros del grupo, el que era más bajo, se llevaba el auto con las escenografías para la obra mientras el resto se despide de mi muy agradecidos por estos días, y van saliendo uno por uno hasta que quedamos los dos solos al final. Nos tomamos la mano para salir de la casa y caminar hasta donde sería el espectáculo, y el me dice "siento que te encontré y aunque no nos volvamos a ver siempre estaremos unidos por esto". Nos enfrentábamos al teatro en sí, y el me deja ir para ir al escenario, mientras yo me escondo entre el público.
Al terminar la obra todos parten corriendo al auto, que quedaba más allá de mi casa. Yo confundido me paro y él me toma la mano y corrimos detrás de los otros 3 por las calles, riéndonos y llorando y despidiéndonos, sabiendo que es la última vez. Doblamos una esquina y está mi madre en la puerta, con copas de champaña para celebrar, y él me mira llorando y me dice que nos encontramos. Me suelta la mano al llegar a mi casa y el sigue corriendo con los otros. Yo lloro y entro lo más rápidamente posible a mi casa, mientras mi madre me sigue confundida
- No se quedan a comer?
- No, tienen que seguir.
Desperté.
No hay comentarios:
Publicar un comentario