Queridos lectores del Noco: las teleseries chilenas han seguido atacándome, esta vez con los avances de representación dignos de los 2010s. La representación gay es cada vez mayor en la televisión, por lo que todo se está poniendo incómodamente personal. Han pasado ya años desde la extraña representación de Machos donde hay poco y nada de cercanía con (mi) realidad de Hombre Gay de verdad. En cambio ahora hay hombres gay que resuenan tanto con mis vivencias que me incomoda. Estoy pensando en específico en 2 teleseries chilenas actualmente en sintonía: Yo soy Lorenzo (Mega) y Amor a la Catalán (Canal 13).
Lo siento por convertir este blog en uno sobre teleseries.
La escena de Yo soy Lorenzo en la que estoy pensando la vi en su repetición de las 1:30 AM, lo que es una hora en sí con poca estabilidad emocional. Para el suertudo no-iniciado, la teleserie trata de un chofer que se hace pasar por su jefe (Lorenzo) y viceversa, pues el segundo es gay y no quiere tener un matrimonio arreglado con una mujer. Ocurre en los 60, pues algo tenía que hacer Mega con toda la escenografía que les quedaba de Perdona Nuestros Pecados. La escena parte con Lorenzo leyendo una carta que le envió su pareja desde donde vive, Francia (porque hemos avanzado en representación, pero el gay que va a Europa no será superado, al menos no en nuestra vida). Le habla a su chofer (Mario Horton) sobre cómo lee las cartas que le escribe para sentirlo cerca, no sentir la inmensidad del océano que los separa como la realidad aplastante. Además destaca - a un Mario Horton bien heterosexual - el cómo piensa en todo para protegerlo, al punto donde no firma las cartas con su nombre, sólo con las iniciales, para que si alguien llegase a encontrarlas no estuviese en peligro.
¿El temer la expresión amorosa hasta en el ámbito privado? ¿Poner la protección del otro sobre todo, aunque haga el sentir peor - el dolor ligado íntimamente con el amor? Personalmente pensé "uf, esto pega fuerte" y cambié el canal.
La segunda escena que comentaré, de Amor a la Catalán, es menos deprimente pero no menos personal. Hay una trama secundaria de un cabro que está enfrentando el aceptar su sexualidad como Gay, aparte de una trama sobre su familia que no nos interesa en estos momentos. Hay 2 personajes más de su edad, una cabra que baila kpop y un niño que maquilla y tiene el pelo azul que, adivinaste, es gay. El primer cabro se acerca al de pelo azul y después de varias escenas de discutir el cómo se siente, le admite que el también es gay, pero le cuesta admitirlo. Acto seguido inicia una relación con la cabra kpop, en un clásico movimiento que llamaremos "heteronormatividad y homofobia internalizada". La pareja tiene una discusión por algo irrelevante, el cabro explotando rápidamente y alejándose de la cabra kpop, en un movimiento llamado "no puedo ser honesto con mis sentimientos - ni siquiera tengo bien claro cuáles son, por los que intentaré hacer que ella termine conmigo en una forma de sabotaje, pues no sé ni puedo enfrentar esto directa y honestamente". Chica kpop, triste, llama a su Mejor Amigo Gay, que sabe que es lo que sucede pero no puede explicitarlo tampoco. Le da consejos reales - amiga, terminen - y ella se enoja con él, acusándolo de no querer apoyarla, que eso hacen los amigos.
A este nivel de ver mis vivencias representadas en pantalla ya no puedo hablar de tirar piedras y casas de vidrio: soy yo lanzando piedras dentro de mi propia pieza, destruyendo todo lo que tiene excepto los espejos, para verme claramente - verme honestamente. Me siento visto y no sé si me acomoda. El usuario de Tumblr de mi mente repite como un mantra: self recognition through the other, Twin Fantasy cover art, el último panel de este comic de Lynda Barry...
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